Por Emanuel Donati
Sentado en un viejo cajón de manzanas cuida su forraje.
Solitario.
Sentado con el mate, con la mirada perdida, inerme ante la
suerte que la madera se resquebraje.
Piensa en aquellos tiempos, cuando se paseaba con coraje.
Cuando era guapo, flaco y vivía con su padre.
Pero llega doña Regina, con su blusa a lunares, y lo
despierta de su viaje.
Sacude sus ojos, deja el mate y se calza el personaje, un
tanto más triste.
Entrega la bolsa de alpiste y vuelve a sentarse. Absorto,
hasta que la madera se resquebraje.
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