martes, 26 de julio de 2011

Atrapados

Por Emanuel Donati

¿Cuál es la razón de una línea perdida en el espacio? Atraparnos.

Consecuentemente debemos proceder atentos a sus vestigios.

El punto creó la línea para burlar la humanidad.

Pobre niño - punto, él concentraba tanta fuerza explosiva en su interior.

Cada punto ebullía en su mismísimo nucléolo.

Un fugaz instante explotó en líneas de gran velocidad. Líneas de años de edad.

Ansiosas de agarrarte vuelan por la dimensión.

Formando figuras y fijando posiciones. Son líneas que trascienden al Ser.

Nos hacen Ser, Atrapados.

jueves, 14 de julio de 2011

Foraneo

Por Bruno Ferrari

Esta vez no contaba con palabras difíciles. Tenía que causar la impresión deseada con unos cuantos verbos vulgares. Eliseo y la página en blanco. En cualquier lugar. Detrás de una cortina de insomnio inapelable. De infusión a La Pampa, el control mental hace tiempo perdió su eficacia.

Ya no queda tiempo más allá del tiempo

Soporto la carga de un cuerpo enfermo y desobediente

Por todos lados nacen geniales maldiciones

Es posible que nada de lo que soy sea cierto

No encontró una base. La historia de su vida era una historia de los fundamentos. Esta vez estaba suelto y lo vivía desde la apatía, como si le costara creer en el momento. Siempre es una cuestión de fe vivir en los cimientos. Deseaba un escape onírico que no llegó, remontar la colina del demonio bien nacido de los sueños.

No es momento de mostrarme entero, pensó. No sin vientos y en un mar muerto. Y sin embargo tuvo resto, envión.

Quienes guarden esperanzas, malditos sean

Me destierro a una Siberia de bohemios

Otra vez se encontró bailando entre desconocidos, rostros desencajados pero no en sí mismos sino en el mapa de bondades con el que irrumpió a su propia muerte. Tuvo deseos de volver, pero no tardó en identificar la naturaleza de sus espasmos reflejos. Siguió bailando, con letras de imprenta dibujadas en la sien.

Entonces no me pidan más

Sólo puedo saltar en el lugar, buscar placer en la gravedad

Traté de dibujar un hombre

Pero me olvide de empezar

Un hilo bobo cayendo, desprovisto de forma y en el aire, como si el vacío hubiese dejado de ser un invento. Como si él mismo hubiese perdido su condición. Un hilo de baba que encuentra el suelo. Desde la comisura de los labios hasta el suelo, sin mediar explicaciones, como una sátira de las palabras.

Solo entre consonantes

Éter foráneo sin cuerpo

Bolas de humo, inconexas, teñidas del triste gris del encierro y la desidia. Abrir los ojos a la mañana es cerrarlos por la noche. Cuando los charcos no salpican y los fluidos no manchan, perdimos el acento y marchamos hacia un horizonte que está siempre en el mismo lugar. Hablo de la bruma artificial y toxicómana, hablo del colgajo en la mirada de la anciana.

¿Quién me puso acá? Ataduras nerviosas y mieles de destino. Por mirarla unos minutos acabé pisoteando el giroscopio. Ahora busco un pacto de gravedad, acuerdos entre el instante y el cosmos que vendrá. Clausuren el tiempo.

miércoles, 1 de junio de 2011

A punto de estallar



Por Emanuel Donati

Ambivalente sueño de un niño llorón. Que juntó la angustia y la sonrisa sin saber que tirar.

Sosegado y suave…lejos de ser salvaje; encontró un oscuro rincón donde apañarse.

Esos córners peligrosos no lograron más que ojos timoratos.

Los pies pesados y la pupila abatida de esforzar, por un lugar que ensueñe libertad.

Pibito estrecho y con poco andar. La cama cubre tus espantos cuando gritas.

Olor a sopa de mamá. Caldos de la pubertad.

Idiotas en la radio, pero ante la duda los escuchas.

Amigos poco viles, sonrisa poco natural.

La década te come la cara cuando vivís sin disfrutar.

miércoles, 18 de mayo de 2011

La Nave



Por Emanuel Donati

Al final, me abraza el desasosiego de una noche sin sentido.

Casi idiota, sólo una frívola muesca de razón.


Una efímera lucha por la palabra escuda mi tontera.

El vértigo, protagoniza los actos del batallón.


Siempre caminando con un pié delante de otro, haciendo equilibrio.

Siempre por perder el aguijón.


Siempre arriba del cohete y al frente, como Napoleón.

Harto de los bordes, apunto al dolor.


Placeres del sufrimiento, vientos del sinsabor.

El cielo está cerca cuando se puede volar...

miércoles, 11 de mayo de 2011

Esa vida vil de la montaña


Por Emanuel Donati

Ese frío gris de la montaña.

Esa Diosa que te tuvo en sus entrañas.

Esa estupidez que es hazaña y los dientes de la venganza.

¿Para quién haces tus piruetas?

Escapas a la más puta de las vidas con tu vil historieta.

Y por la mañana; poco, casi nada en la balanza.

Esa parva de esqueletos no te conmueve.

Todos ellos en el mismo brete.

Y vos, con la historieta del mañana.

Esa santa mata pestes que te ayuda.

Pero el diablo pega fuerte y duele.

Y por la mañana; poco, casi nada en la balanza

La impotencia te gana en la lágrima de la esperanza.

Muy cobarde como para pararte.

Es más fácil reír y anestesiarte.

viernes, 8 de abril de 2011

La histeria y el boludo




Por Emanuel Donati

Su niñez estaba rancia. Harta de ser ironizada en noches de amar.

La vil muñeca era preciosa, deliciosa, más bien pretenciosa.


El salto cuesta caro para él. Más de unos cuantos berrinches.

Ella saca la peor escena de su historieta. Una bien seductora.


Él se nubla, ama con ganas de matar.

Ella lo goza, con lágrimas de ron y caricias de cobre.


Su niñez persiste, con uñas y dientes. Pese a la sátira de los poetas.

Ella sigue por las noches, con falsas promesas y amantes berretas.

domingo, 20 de marzo de 2011

La pausa que no es descanso

Por Emanuel Donati

Digresión critica.

La Diosa de la letra se toma vacaciones.

El punzante reloj de arena molesta cada noche de ocio.

Y mis dedos que no esculpen una palabra.

Paréntesis de hacerme.

Cuando hay tanto de que hablar cuesta borrar.

El miedo alarma por el riesgo que hay que correr.

Y mis ideas que no saben bien que hacer.

Detención de Ser.

Momento chato y monótono.

Blanco y negro, sin ganas de gris.

Y las letras que no se acuerdan de mi.

sábado, 5 de febrero de 2011

Tras tornos (Secretos de un odontólogo)



Por Emanuel Donati


Suena el despertador a las 5.57. Todos los días el mismo horario.

Ni un minuto de más, ni un minuto de menos.

A Julián lo espera su delantal verde reposando sobre la silla, siempre limpio, planchado y jamás deshilachado.

Baja ambos pies de la cama, al mismo tiempo. Todos los días ambos.

Ni un pie primero, ni el otro después.

Da su primer paso de la mañana con el pié derecho, se dirige al baño.

Lava su rostro, afeita su poca barba y se dirige a la cocina.

Julián cree que de chico no lo alimentaron bien, pues la madre no tenía leche en sus mamas y tuvo que recurrir a una nodriza luego de un par de meses. Motivo por el cual, su desayuno diario es particular.

Todos los días un licuado de banana con dos claras de huevo.

Todos los días dos. Ni una más, ni una de menos.

El licuado lo acompaña con seis galletitas de agua a las cuales le unta mermelada de tomate. Siempre del lado de la marca, pues es el más lisito.

Tras una ducha que dura veinte minutos y su cepillado de dientes que dura otros tantos, sale caminando hacia su trabajo; su clínica odontológica.

Los ha contado. Son 729 pasos, que en nuestro idioma sería algo así como cuatro cuadras. Ni un paso de más, ni uno de menos.

A las 7.40 comienza a esterilizar los instrumentos de trabajo, pues siempre a las 8 recibe el primer paciente.

Ahí se complica la situación, pues muchas veces el primer paciente se demora y él no tolera las irresponsabilidades. Al finalizar su trabajo, vuelve a esterilizar.

Según sus cálculos, Julián ha gastado más en guantes de látex y barbijos que en instrumentos de trabajo. Dice que los necesita, así trabaja tranquilo y relajado.

Le pregunté qué es lo que más disfruta de su profesión, siendo él una persona tan meticulosa con la limpieza y los gérmenes.

Al cabo de seis segundos me respondió. “Que yo puedo lograr que la gente sufra, pero no se queje. Ni más, ni menos”.

miércoles, 26 de enero de 2011

Camino a la Nada



Por Emanuel Donati


-Acuerdo por un momento que tú estás en lo cierto.

-Claro que lo estoy

-Pero, ¿Cómo sería tu infierno y qué tan puro es tú reino de los cielos?

-Nada de lo que puedas imaginar serviría. Yo no hago diferencias pues.

-¿Sólo hay un reino después de muerto?

-Sólo hay un espacio, eterno y sin tiempo.

-¿Pero, existe el sabor supremo en tu lugar? ¿Se vivencia allí un dolor agónico?

-No hay diferencias. Mi casa es un punto sin Ser al modo del que me hablas.

Mi espacio no es como tu reino que tanto amor duele. Mi espacio es la calma que invoca la reflexión sobre el Ser.

-Sí tal es así, recibirías por igual a mi padre, un católico ortodoxo, que a un judío o un protestante.

-No hay diferencias en mi espacio. Eso compete a tu Ser en tanto Humano.

-¿Pero allí dejaré de serlo?

Tanto como lo eres en un punto.

-¿Algo en mi escapa a la humanidad?

-¿Tú que crees?

-Suena interesante, persuasivo. Creo que todos tenemos conductas animales dentro nuestro. Algo instintivas.

-Mi espacio es el lugar del hombre antes de la vida y después de la muerte. No es un reino, no hay prioridades. Mi lugar no tiene privilegio para el que salva ballenas ni condenas ardientes para los que matan sin piedad.

-Entonces ¿De qué sirve ser un buen padre de familia, buen hijo y ciudadano, y rebozar de bondades?

-¿De que les sirve a ustedes la muerte del prójimo?

-¿Quieres decir que todo en esta vida da igual? Sí es que el desenlace es habitar tú espacio, sin importar tu vida pasada.

-Quiero decir que el hombre es el único generador del inmenso amor y el masivo odio que redunda su tierra.

-Somos responsables, pero, a veces se nos va de las manos y nos dañamos entre nosotros sin saber muy bien porqué.

-Porque en el fondo, habitar fuera de mi espacio no es más que un desequilibrio de pasiones, que ustedes, poco tolerantes no saben administrar. El hombre pone sus reglas para transgredirlas. Pone sus lágrimas para beberlas.

-Eres convincente, pero sí tal es así, debería de creer en ti, pero no profesar una religión en tu nombre.

-Eso sería sano.

-Y para poner tenerte en mi mundo bajo un símbolo, ¿Cómo puedo llamarte?

-Nirvana

miércoles, 19 de enero de 2011

La metafora

Por Emanuel Donati
Eres el más allá de los dichos en el sonido.

Eres la lengua en su máxima expresión.

Eres mi nombre en el otro y la figura en el hablar.

Eres sin tiempos ni espacios pero llenas de color.

Tú, muy utilizada, toda a tus anchas, te desplegas en mis textos como parte de mi alma.

Eres la distinción de la raza y la grandeza que nos ata.

Eres el don de la sutiliza que se siente en el amor.

Eres la metáfora, parte de mi inspiración.

domingo, 26 de diciembre de 2010

Hijos de nadie



Por Emanuel Donati

Hijos de cristales rotos y flores marchitas.

El llanto que nadie pide y nadie contesta.

El juego que nadie juega

Hijos de animales que devoran a sus crías más vulnerables.

Las miradas perdidas que nadie perdió.

Las heces que nadie proclamó.

Hijos de almas desabitadas del fonema universal.

Los cantos de que ningún padre sonrió.

Los labios que ni una sola madre, encarnó.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Somos Planetas


Por Emanuel Donati

Somos planetas, cada uno con sus órbitas.

Planetas que se acercan en sus elipses.

Somos estallos y meteoros de milenarias historias

Somos de un Dios planeta que reparte anillos como muestra de su grandeza.

Hijos de la luz y el tiempo que nunca conoceremos.

Somos planetas, cada uno con sus órbitas.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Cortas historias de barrio

Por Emanuel Donati

Introducción

Probablemente nunca escriba un best seller. De hecho, quizás nunca nadie lea un libro sobre historias que no dejan mucho que recordar.

Dudo que un director de cine pretenda hacer una pelicular de este libro. Pues, nada más lejos de Hollywood que un escrito lleno de historias abiertas y sin finales felices. Nada de magníficas explosiones, de besos ardientes, ni momentos épicos. Este libro habla sobre la pequeñez; que sólo los miopes podrán entender.

Primer Corto: Los amores de Marta


Marta vive a media cuadra de mi casa. Es viuda, rutinaria y tiene sólo un amor. El programa de Gerardo. Nunca deja de verlo, por lo tanto, no sale por las noches. Cuando yo era pequeño, jugábamos frente a su casa casi todas las noches, y fabulábamos que era parte de una secta. Algo así como los iluminatis o el opus dei, pero más pobretona la vieja.

Yo la veía poco, algún que otro medio día la cruzaba comprando pan. Siempre una varilla y bien blanca. Acusa problemas dentales.

De a poco mi vida se fue llenando de ocupaciones. O las ocupaciones fueron llenando mi vida, la verdad que no se que primero. Tal es así que pasaron años sin tener absolutamente ninguna novedad de Marta.

El mes pasado me acordé de ella, pues vi en el programa de Viviana que sacaban del aire a Gerardo por falta de presupuesto. Seguramente el viejo regaló más de lo que la producción bancaba.

Le pregunte a mi madre por Marta. Me dijo que lo último que sabia de ella era que había recibido el cuerpo de su difunto esposo. Él había fallecido cubriendo para un periódico la guerrilla en Colombia y por problemas legales, el cuerpo no llegaba.

He aquí la frutilla del postre. Marta mandó a cremar los restos del interfecto, pues no tuvo mejor idea que esparcirlos en la vereda de su casa, junto a un viejo sauce llorón. Mi pregunta es… ¿Por qué lo riega todas las mañanas?

Mi madre y otros vecinos no dejan de crear divertidas hipótesis.

Pero la verdad que Marta está más triste que nunca. Perdió sus dos amores, ambos por querer cortar la manzana a la mitad.

Segundo Corto: Flor de golpe


Frente a la casa de Marta vive otra solterona, Irma. Ella tiene sesenta y tres años y nunca tuvo marido, lo cual la ha convertido en otra señora de barrio de la cual mucho se ha dicho. Que es una devota de la iglesia, que le gusta la farra, que es una frígida, que está un poco loca, que es lesbiana, sí vieja y lesbiana.

Desde mi terraza puede verse gran parte de su jardín. He notado muy a manudo la dedicación que esta mujer le pone a sus amadas plantas. Tiene un gran verde combinado con los más surtidos colores. Las flores abundan y le dan vida a una esquina bastante fulera; rojas, amarillas, fucsias y celestes.

Les describí un poco el panorama… esquina fulera, de barrio. Les agrego que muy cerca, a unos veinte metros hay un kiosco. Todo esto implica que la pobre Irma tenga que lidiar noche tras noche con grupos de jóvenes que se reúnen junto a su tapial a experimentar los hermosos efectos diversas drogas.

Pasemos ahora al otro personaje de esta historia; Anselmo. Un muchachito de veinte cuatro años, algo vago diría mi abuela, que se dedica a tocar punk rock.

Anselmo comenzó a experimentar con sustancias ilegales cuando formó su banda, la cual no hace más que quilombo a las dos de la tarde en un garage.

Dado que su música es el punk, su estilo de vida también lo es.

Un día color sepia, un día de otoño, Anselmo se encontraba sólo sentado en la esquina de Irma y yo desde mi terraza era un privilegiado espectador de la escena.

El diverso jardín de Irma envió una señal a nuestro joven artista dejando caer una flor sobre la cabeza del susodicho. Era floripondio y Anselmo brillo de alegría. Rápidamente abrió su mochila de Flema Punk Rock y sacó un termo con agua caliente (yo veía el vapor salir de él). Se paró y muy vorazmente comenzó a arrancar gran cantidad de flores del amado jardín de Irma.

Al cabo de unos cinco minutos, el mago Anselmo tenía su té de floripondio listo en el termo de aluminio.

Yo estaba expectante, sobre todo porque la obra se ponía interesante y no había pagado un peso. La cuestión es que Anselmo bebió como el último día de su vida. Bebió y bebió de su té de floripondio hasta que levantó la cabeza y miró las nubes. Sus pupilas eran gigantes… estaban sumamente dilatadas y comenzó con el baile, parecía una señorita del siglo diecisiete sólo que portaba tachas y prendedor de Joe Ramone. La danza se intensificó y Anselmo comenzó a bailar sobre el tapial de Irma.

Era de esperar… se pegó flor de golpe.

Al parecer esta droga provoca distorsión en la imagen y prolongadas erecciones, tal es así que el joven se enamoró de la preciosa Irma al verla regar un malvón. Que más contarles… Irma aprovechó la situación.

Tercer corto: El arbusto de Doña Chocha


Doña Chocha. La verdad no tengo la más pálida idea de porque le decían así, tampoco se su nombre, la pobre siempre fue doña Chocha.

O el barrio es sumamente irónico o altamente guaso, porque la señora fue siempre una vieja amargada. En verdad, casi, siempre… hubo un momento en que encontré a doña Chocha en su pico libidinal, y ahí me adentro en la historia.

Carmencita, la dueña de la panadería de mitad de cuadra siempre operó como caldo de cultivo de chimentos. Un negocio es el punto ideal para enterarse las novedades del vecino. Sí cambió el auto, sí tiene el traste sucio, sí la mujer es una quisquillosa, sí el nene se llevó matemáticas a marzo y hasta sí al Firulai lo castraron porque estaba muy cariñoso con la Barbie, que es una cachorra de Yorkshire!

En fin, así llegó a mis oídos el rumor de que nuestra protagonista principal estaba algo entusiasmada con Armando, el que corta los yuyos. Es decir, el jardinero de barrio Belgrano.

El hombre tenía por aquel entonces unos cincuenta años, canoso, de piel muy curtida por el sol y el asfalto, ojos siempre brillantes… pero por el vinito.

Carmencita le dio el teléfono de Don Armando a la vieja Chocha con la finalidad de facilitarle sus tareas domésticas. Es que la pobre Chocha estaba más para tejer oyendo a Tesandori que para cortar el césped y podar los arbustos de la casa.

Nuestra vecina en cuestión, es viuda hace muchísimos años, tantos que ya no visita el nicho de su difunto esposo y no tiene fotitos por la casa. Casi podríamos decir que se olvidó de él. Tanto se olvidó de él que cuando el jardinero del barrio comenzó a cortarle el arbusto a doña Chocha, la señora comenzó a vivir su segunda adolescencia.

Chocha le cebaba mates en camisón, se vestía floreada, le tenía la escalera, se pintaba y se arreglaba el pelo, le hacía budín de pan y hasta cortaba el césped mientras Armando tomaba un poco de agua.

Armando, que yo le veía cara de tortuga y era más lento que el caracol, no se avispaba. Pero un día le preguntó. Señora ¿Por qué me llama todas las semanas, sí el pasto está prácticamente impecable?

La señora cerró la puerta que da al jardín con llaves y sacó dos vasos de vidrio y una botella de vino. A los setenta y ocho años murió chocha… Ahora se porque ese apodo. Que barrio morboso!